UNIVERSOS PARA "LELOS"
Chisbert
Alsahín activó la máquina. Creí viajar a través de un túnel. Vi luces y
sombras y no paré en ningún tiempo.
Estaciones llenas de no se sabe qué historias. Programada estaba la máquina,
también el destino. Con un poco de suerte encontraría el camino. No sé cuántos
tiempos pasaron, noté sudor en la frente, pero estaba todo sudado. Había
acabado el viaje, el cuerpo presente y sin equipaje. ¡Había llegado! No era
sudor, flotaba entre aguas tranquilas, saqué mi cabeza y también mis brazos,
puse pie en tierra y salí del lago. Caminé largo rato, vi luz en el frente,
necesitaba comida y descanso. Llegué a la luz reluciente y leí con agrado:
¨Posada del Semántico Mago¨. Allí pasé una noche y dos días, y aprendí algunas
cosas del amo, entre otras, que el hablar es un modo infalible si bien se utilizan las reglas posibles. Me
informó de la zona, del Rey Alcor, de la Reina Mandalandinga, del reino y del
pueblo, de sus Islas secretas, y de los viejos del buen ruego. Esperaban
mensajes del cielo. El Rey esperaba un evento. Buscaba un contrario valiente, y
así poder encontrar, grande era el premio, la señal o el farsante. Al día
siguiente dejé la posada y me acerqué al pueblo.
Con hambre y sediento, sin oro y sin
plata, sin dinero, me encontré con varios hombres.... que pusieron la mano con
buen ruego pidiendo: ¬ ¡Señor,
alguna mandala o un mal alcor! Levanté las manos, ¡lo siento!, ¿sabéis algún
sitio dónde ganarlo?, -pregunté-. ¬En la plaza Forza, más al centro,
-respondieron-. ¬Se hacen apuestas, leen las manos, echan las cartas y se
disputan las mozas. Si no lleváis dinero....... ni mozas, ni cartas, ni manos
leídas, ni un gano pierdo. Sólo os queda retar al guapo gigante peleante.....,
el hijo del porquero. ¡Que ahora está diez a uno!, buena bolsa y buen dinero
para quien lo doblegare… buen botín, para quien sepa encontrarle su punto
débil, quien sepa burlarse con retintín del narciso apolíneo y pueda enojarse
con el repiquete, con un sinodino, confuso, creído y mezquino...... encendida
la rabia y la cólera, pierde su fuerza y su temple el guapo gigante, peleante y
fino. ¬ ¿Habéis terminado la cita?, ¡por fin!. Va a ser duro el encuentro. Para
decir que es niña llorona, mucha vuelta, para tan poco ruedo.
¬Acordaros de nosotros, a la vuelta. Os lo pedimos como antes, con buen
ruego.
Me acerqué al Oratorio, no había mucha gente, lo creí encontrar lleno.
Serían sabios...... o genios, grandes oradores con grandes pensamientos, pero
también eran hombres que pisaban el suelo. Allí pregunté por el hecho, de que
el Señor buscaba un pertrecho para hacer ver al pueblo, que él era el Rey, ¡el
único genio! ¬Ja, ja, ja, -rieron-. ¬ ¿Qué pretendes? ¿tú....... te vas a
enfrentar a nuestro Rey?..... ¡con esos trapos! ¬Veo que llevas el nombre en la
frente, -dijo uno de tantos-. ¬ ¡¿Eres Rey?! ¡¡El Rey Adidas!! -exclamaron-. De
la cabeza quité el trapo. ¬ Sí, soy Rey, pero ni yo ni mi reino son de éste
mundo. Inconscientemente saqué un cigarrillo y encendí el mechero, -se
asustaron-.
¬ ¡Un arma de fuego! Estaban aún
asombrados, cogí la cartera y también un papel, coloqué mi cara tras él y le
añadí fotografía, di la vuelta al cartel y vieron mi cara, ¡la mía!, impresa en
él. ¬ ¡Magia!..... ¡magia! Se armó gran revuelo, acudió la Guardia Real y me
pusieron el cepo.
¬“Encomiéndate al sabio, -dijeron-, el
Rey espera”. Me lavé y puse perfumada ropa. Me llevaron ante el Rey Alcor y la
Reina Mandalandinga, sin decir ni jota, ¡tengo hambre!, -replicó mi boca-.
Antes de pronunciarme, -dijo el Rey-, deberás pasar la prueba del senado.
Se retiró el Rey y al Oratorio fui
llevado. Se dividía en tres partes, una a cada lado del trono, otra en el
frente, yo, en el centro. Arriba y en círculo, infinidad de gradas ocupadas por
multitud de gente. Apareció el Rey y dijo: ¬ ¡Por Alsahín!, aquí de nuevo
estamos para..... -le interrumpieron las voces de las gradas-. ¡Viva el Rey!,
¡que hable Alcor!, ¡viva el Rey!,
-dijeron todos-. Y el Rey habló: ¡Bien..... como veis, éste puede ser un
farsante, o puede ser Él! ¬Te informaré cómo funciona el gobierno. A mi derecha
ocuparán sus puestos la familia de Lóscaras. A mi izquierda, la familia de
Lósculos, en el frente se sientan los Caráculos, si no hay consenso actúan
ellos. Procedamos pues a ello, ¡que entren los Senadores! Y entraron Lóscaras y
Lósculos. Una vez en sus puestos, dijo
el Rey: ¬ Escogeré a cuatro de cada lado, ellos te
interrogarán. Seleccionó de Lóscaras a: Caracátula, Caracatón, Caralígula y
Caráplaton. De la parte izquierda, de Lósculos, escogió a: Culóplano, Culorón,
Culócara y Culórado. ¬Por si sus nombres te intrigan........, te explicaré de
dónde proceden cada una de las familias:
¬El nombre de estas familias procede
de los días en que las tierras se disputaban a vida o muerte. Era tan sencillo
como echar una moneda al aire, y elegir cara o culo. El ganador incrementaba su
hacienda. El perdedor, lo perdía todo. Siempre le quedaba el consuelo de poder
servir a su derrotador. Si no lo aceptaba así, tenía que empezar de nuevo,
desde abajo, pasando de ser un vulgar Mandalandinga, a Pícaro Pendenciero,
Criado del porquero, Viejo del Buen Ruego y Justiciero. Pues bien, ocurrió algo
increíble en uno de esos duelos. Sucedió, que echada la moneda al aire, ya cada
uno elegida su opción, quedó la moneda sobre la mesa y no hubo vencido ni
vencedor. Aunque parezca mentira, de lado la moneda cayó, desafiando las leyes
de la física, que ni tan siquiera la madera receló, quedando todos pasmados,
ante lo inaudito del reto y de la situación.
Se
creó un gran dilema, mostraba su
cara y culo a cada uno la moneda. Se ofertó a los asistentes
poder solucionar el
problema. -Levantaron la mano-. Era ¨Púlido¨, conocido
matemático, y dijo: ¬¨Señores,
ya lo estaba estudiando de lejos¨, y ahora de más cerca, me
confirma la idea,
escuchen el consejo: ¨Los dos son ganadores, los dos son
perdedores¨. No hay
ganadores ni vencidos. Quien haya elegido cara, si hacia él
queda la misma, se
considerará ganador. Lo mismo sucederá a quien haya
elegido culo. Y esto
sucede, tanto si la opción es cara gana, culo pierde, como cara
pierde, culo
gana. Así lo aceptaron y disolvieron la reunión.
Consolándose, reían los dos:
¨Es mejor quedarse con lo puesto, que querer ganar y perder hasta
el resto¨. Se
fueron contentos y raudos, dando las gracias a Púlido, a quien
tomaron por
sabio. De ahí vienen Lóscaras, Lósculos y
Caráculos. ¡Sigamos pues Senadores!,
-dijo el Rey-. Hablaron entre ellos y acordaron elegir a
Carádemos para hacer
la pregunta. ¬Siempre me toca a mí dar la cara, -se
quejó-. Podíais elegir a
Culoáteo, o a Culófeo, también a Carácara,
a Culótoca o a Culosé. ¬ ¡Silencio.......
¿qué es esto?!.... -exclamó el Rey-
¡Carádemos!, ¡demos la cara!........ Bien,
sí, sí, Señor. Hablaron de nuevo entre ellos, y
dijo Carádemos: ¬Ésta es la
pregunta Señor... ¬Adelante, adelante......
prosigamos, -dijo el Rey-, os escucha el iluso y pretendiente a retador
varonil.
¬ ¿Qué forma tiene el Planeta?, ¡si es
que saberlo podéis!. Quedé un poco espantado....... pues semejante pregunta,
tan tonta y tan fácil, algo debía esconder. ¬Bien, -dije-, pues........ en los
tiempos de donde yo vengo, se alzaron voces sobre ese hecho. Todos tuvieron
razón, cada uno al hecho algo añadió, añadiendo nuevas teorías al hecho que
mostraba la ciencia, sin despreciar el hecho primero y laborando en el hecho a
conciencia. Éste fue el hecho. La primera voz dijo: El Planeta no es plano sino
redondo. Sí, sí, -aplaudieron Senado y
las gentes-. La segunda voz: El Planeta además de no ser plano, sino redondo,
se mueve y traslada. Sí, sí, -aplausos de nuevo en el Senado y las gradas. La
tercera voz: El Planeta es redondo, se mueve, traslada, gira y rota. ¡Eso es!,
sí, sí, -plena euforia, algarabía-. ¬ ¡Y yo os digo!, -proseguí-, que la Tierra
no es plana ni redonda, ni se mueve, ni traslada, ni gira, ni rota. -Quedaron
mudos, Lóscaras y Lósculos-, se quedaron con cara de los ausentes, los Caráculos.
¬La Tierra….. es como el polvo de la
Tierra, que va y viene. ¡La Tierra, es la tierra! El Planeta, es otra
cosa....... es como una pelota, impulsada por pie de niño travieso, que va
hacia el frente o hacia atrás, según desde donde se observe el vuelo, puede
girar a la diestra o hacerlo a la siniestra, según el empuje, según el efecto.
Unas veces va a parar a otro pie, otras el rumbo es incierto, como barco sin
vela, como bote sin remo. Otras veces es parada por el Arquero, algunos hombres
lo llaman Metaguarda o Guardameta, otros, Cancerbero. El momento más peligroso,
es cuando queda la esfera en el aire, sin ser impulsada, mientras llega el que
le dé la patada, o puntapié, pues otro adelantarse puede, y mandar la bolita a
la red. Se armó gran escándalo. Dijo el Senado: ¬ ¡Pero, ¿de qué Planeta estás
hablando?! ¬De la Tierra, -dije-. De nuevo el jaleo. ¬ ¡Está loco! ¡ya no
hablamos! ¬A lo hecho pecho, -dije-. ¬El Senado se calla, -dijo el Rey-. ¡Tomo
el poder!, -prosiguió-. ¬Eso que tú llamas Tierra…. es
aquél.......... -señaló con la palma-, ese punto distante en el cielo infinito,
lucero brillante, pequeño y rojizo.
¬ ¡Confundes la Tierra con
Marte!........ nuestro planeta. Su
propio nombre lo indica: La Luna Lunes, nuestro Planeta Marte Martes, Mercurio
Miércoles, Júpiter Jueves, Neptuno Viernes, Saturno Sábado, la Tierra Salutrón.
Has contestado muy bien a Lóscaras y Lósculos, no tengo en cuenta el error.
¡Que siga el debate!...... se reanuda la sesión.
¬ ¡Que vengan los diez sabios más
resabios del reino!, que se acerquen hacia el centro. ¡Que entren los
Caráculos! Que cada uno diga un proverbio, una frase elegante, un ingenio. ¬Si
la tuya es mejor que la de ellos, serás el veraz, será evidente. Así podré
escoger no de oídas, sino personalmente. Cada uno recitó su estribillo. Ya iban
nueve, a mi lado el diez. En primera persona no quería ver el evento, aún no
podía entrar al convento, de lejos quería lo ver. Su turno tocó al número diez,
-dijo éste: ¬No sé.... no sé...., -Le eché una mano, le dije muy bajo: ¨Eso
dice el creyente para refugiarse en su creer¨. -Le ayudé-.
¬ ¿Seguro que eso es tuyo?, -preguntó
el Rey-. ¬Sí, sí, lo aseguro respondió. ¬Lo dudo, -dijo el Rey-. ¡Que salga el
retador!, advirtió el Rey blandiendo su espada, creyendo Caráculo, al apuntador
escondido tras túnica blanca. Escogiste mal el trueque. ¬Que el retador salga y
diga cuántas rectas hay en un punto, pues a ese ya lo conozco, y no hace ni ¨O¨
con canuto. Y si tarda en salir, demostraré en el cuerpo de éste, las rectas
que mi espada puede abrir en el punto que el escogiere. ¬ ¡Aquí estoy
Señor!...... suelte al pelele. Quedó el Rey pensativo...... y preguntó: ¬ ¿No
será ¨pelele¨ un insulto?, que aunque un poco torpe es hombre sabio, es un Caráculo, -prosiguió-. ¬He
oído de tu ingenio, también de tu argucia. Veremos si estás a la altura. ¡Te reta
el Rey!, grande es el premio, la prueba, es dura. ¬Te espero mañana, ¡al
amanecer!, ¡que le den blanda cama y bella mujer! ¬ ¡Dura la quiero!, -respondí-. ¬ ¡Y yo
también!, je, je, -dijo el Rey-. ¬En cuanto a hembra…. -dije-, hembra no quiero,
lo que quiero......... señalé con el
dedo. ¬ ¡Que le den de comer!.... ¡que le den!.... ¡Mañana, al amanecer!
Al día siguiente, el Rey me enseñó sus
Islas secretas, “Las Silúrides”, él mismo tripuló la nave. Después me informó
que debía asegurarse que su futuro yerno fuera hombre serio, hombre sabio,
pasando la última prueba después del banquete ofrecido en Palacio. La Reina
Mandalandinga organizaba la fiesta, según el Rey, la más hermosa de las reinas.
Me advirtió el Rey: ¬ “Ten cuidado amigo, y no hagas como aquél rey ambicioso,
que quiso reinar en cielo, y terminó reinando en el foso”. ¡Que Alsahín te
proteja!