SUEÑO ASTRONÓMICO
Leonor Ana Hernández
Estábamos reunidos al pié de una montaña varios de los amigos que formábamos por aquel entonces el grupo de astronomía de Alcalá, nos habíamos levantado a media noche para subir a la cima de una montaña como excursión nocturna, es una experiencia espectacular contemplar la naturaleza por la noche. Subíamos a una colina primero para alcanzar desde allí la elevada cima de la montaña. Esta era afilada y estrecha, una cresta de difícil acceso, pero en mi sueño éramos escaladores experimentados, para eso es un sueño, y me podía permitir soñar que escalábamos la montaña más alta del planeta. De la ascensión no recuerdo nada, solo el último tramo. Enormes piedras rotas y bloques como de pizarra rota nos servían para agarrarnos y escalar como las cabras, trepando casi a oscuras. No llevábamos ni mochilas, ni botellas de oxígeno, total, era un sueño, pero yo no lo sabía. Cuando el primero del grupo llegó al final dio un grito y dijo algo así como “tenéis que ver esto”. Y no articuló más palabra. Nerviosos aceleramos el ritmo para llegar arriba para ver qué pasaba. Yo me preguntaba qué habría allí, no podía haber nada, será que el paisaje al otro lado le ha dejado fascinado…El caso es que desapareció de mi vista… y me quedé preocupada porque al otro lado solo había una caída brutal de metros y metros; le llamé pero ya no estaba. ¿Qué pasaba? Se habría escondido detrás para contemplar algún espectáculo. ¿No nos contestaba por la emoción? Ya lo creo que si. De hecho… ya no estaba físicamente sobre la montaña.
Cuando alcancé justo el filo de la última piedra comprendí lo que estaba ocurriendo.
Una gigantesca estructura de un amarillo dorado estaba casi en contacto con la montaña, de hecho podías “saltar” y pisar esa superficie y seguir andando hacia arriba más allá de la montaña. Era tan enorme que no tomé conciencia de su verdadera forma y tamaño hasta que lo recorrí con los ojos en toda su dimensión. Me quedé sin aliento, con la boca abierta y el corazón disparado en la garganta. Esa estructura fina que podía casi rozar con la mano se extendía en la distancia con una perspectiva como de disco inclinado, parecía una enorme pista cuya parte más estrecha acababa en una enorme esfera de suave color amarillo limón apagado. Ésta era inmensa y ocupaba casi la inmensidad del cielo, recorrí la pista a lo largo y se curvaba en ambos sentidos a izquierda y derecha de esa enorme esfera. Cuando miré a mi derecha vi a mi compañero que “andaba” sobre esa superficie. Era sólida pero semitransparente. Y volví a recorrerlo con los ojos, con el corazón, y entonces comprendí. Lo que sentí en ese momento rozaba lo maravilloso, lo imposible, la dulce locura hecha realidad en un sueño de fantasía que jamás podría describirse. Las sensaciones superan las palabras. Una expresión de increíble felicidad se marcó en mi rostro, el corazón se disparó a mil por hora y las lágrimas de felicidad brotaron en mis ojos. Me llevé las manos a la boca por instinto como para callar un grito de asombrosa incredulidad, quizá por miedo a asustar o a despertar a alguien de un sueño… ¡¡no!! No quiero despertar!! Shhhh. Aguantándome los gritos de alegría sentía como si el tiempo hubiera parado. Ya estaba sola, no recordaba ni que había más personas cerca, me desconecté del mundo…Mi único deseo era saltar ese breve espacio vacío que me separaba ... me encontraba contemplando al planeta Saturno. Apenas estaba a un paso de distancia de mi, nunca lo hubiera imaginado. ¿¿Cómo no lo hemos visto desde el suelo?? Era algo mágico, había que escalar la montaña para acceder a semejante privilegio. Entonces coloqué ambas manos en el anillo y después la pierna izquierda. Y subí.
Aquella luz que daba el planeta era suave, realmente solo me llegaba “su sombra”, el reflejo de tener alguna estrella dándole luz por detrás. Recorrí con la vista el anillo semitransparente que se elevaba con una inclinación suave y alcancé un punto donde allí “ya daba el sol”. El disco del planeta hacía sombra a gran parte del anillo pero una vez rebasado ese límite podía verse como algún Sol alumbraba desde el otro lado la otra cara del planeta. El color que me rodeaba era misterioso, un amarillo suave y oscuro… de tinieblas. El suelo del disco era asombrosamente sólido y seguro a pesar de su delgada apariencia. Y recuerdo perfectamente la sensación de silencio, caminaba por el anillo de Saturno envuelta en una sensación de absoluta tranquilidad y silencio. Entonces alcancé la región de la luz: todo cobró una iluminación muy intensa, un amarillo alegre y vivo, un fuerte resplandor asomó por el limbo del planeta. Tuve que cubrirme la cara para no quedar deslumbrada y entonces pude sentir algo más: el calor de aquel sol, aquel maravilloso sol lo envolvía todo. Como si de repente alguien te tapara en la cama con una cálida manta en mitad de la noche, así pude sentir aquel sol calentando mi rostro, mis manos, todo mi cuerpo. Miré para atrás porque oía voces de mis compañeros que venían tras mis pasos, pero la luz no me dejaba definir sus formas, sus siluetas en la sombra. Ellos me debían ver bañada en la luz y se acercaban, pero por más que trato de buscar en mi mente lo que ocurrió después no consigo saber qué pasó después. Los recuerdos de este sueño se empiezan a diluir y se pierden como las siluetas de mis compañeros a la sombra de Saturno.
Aun me sorprende cómo en los sueños podemos sentir de tantas maneras: alegrías y miedos, sorpresa, oír sonidos y sentir la temperatura… y despertar recordando cada una de esas sensaciones como algo real. Sé que no he escalado la más alta montaña del planeta, más improbable aún es que alguien haya podido caminar por el anillo de Saturno… pero… las sensaciones de haberlo hecho SI han sido reales en mi mente. El esfuerzo de la ascensión, el frío de la subida a la montaña si lo he sentido muy real, como cuando subimos al Cebollera en pleno solsticio de invierno (el recuerdo del esfuerzo y la temperatura están grabados en mi mente) y he contemplado muchas veces el majestuoso Saturno a través de un ocular, he visto cómo cambiaba la inclinación de su anillo hasta desaparecer y volver a aparecer hasta mostrar todo su esplendor…
Mezcla todos esos recuerdos en la coctelera de tul cerebro... añádele una pizca de imaginación y fantasía… y quién sabe en qué maravilloso rincón del universo aparecerás…
- "Deja que tus sueños te hagan un regalo inolvidable",
este que os he relatado lo soñé de verdad.