MÍO Y SÓLO MÍO
Raúl älvarez San Juan
Rafael llevaba unos minutos preocupado delante de la pantalla del ordenador. Había visto un punto que parecía moverse al cabo de unas horas, y encima no era puntual, era ligeramente borroso. Y lo que era peor: no aparecía en ningún catálogo, ni se correspondía con ningún otro objeto conocido.
Parecía que había encontrado un nuevo cometa.
Juan Luis Agüera tenía sólo 24 años, era el hijo único de un matrimonio ya mayor, y había vivido toda su vida en Fuente el Fresno, un pueblo de Ciudad Real. Su padre tenía algunas tierras de olivos, pero murió siendo él aún adolescente, así que se tuvo que resignar ya desde joven a trabajar en el campo y a cuidar a su madre. Él hubiese preferido salir de su pueblo y hacerse una carrera estudiando Físicas, Informática, o alguna especialidad técnica. Siempre fue el mejor de su clase, pero la vida es la que es y le tenía preparada esa desagradable sorpresa. Así que cuando el trabajo en el campo le dejaba, sacaba su capacidad innata para programar, cacharrear, acoplar cualquier tipo de aparatos unos con otros... Desde hacía unos cuatro años dedicaba sus noches a la Astronomía de una manera aficionada, pero muy seriamente, como una forma de aplicar su enorme inventiva, y así poder conocer a otras personas con inquietudes similares. De todas formas aún conservaba un cierto complejo de inferioridad, por cuanto otros amigos suyos sí que habían dejado el pueblo y habían podido estudiar aquello que les gustaba. Él y Rafa conectaron bien, hasta donde se podía conectar con el huraño de Rafa, porque no hablaba de su vida privada si no era realmente necesario. A pesar de eso, Juan Luis era mucho más sociable e intentaba sonsacarle todo lo que podía sobre su vida, primero por correo y luego por teléfono: que si qué tal con las mujeres, que a ver si podemos vernos en alguna reunión astronómica, y montamos una juerguecilla... pero a Rafa sólo le interesaba mejorar su equipo y sus métodos de trabajo; si acaso alguna vez dejaba caer algo de su aburrida vida (aburrida para los demás, Rafa estaba bien contento con ella aparentemente). En el fondo tenían muchas cosas en común, como su vida en el campo o sus respectivas frustraciones con los estudios, y Juan no se sentía tan minusvalorado con Rafa como con otra gente, aunque eso no eran más que imaginaciones suyas. Pero con Rafa se sentía más a gusto, tanto que a pesar de no haberse visto nunca en persona habían decidido plantearse un reto personal: embarcarse en el desarrollo a distancia de un proyecto bastante ambicioso para dos aficionados como ellos. Se trataba de un sistema automático para comparar medidas e imágenes de una misma zona del cielo, en distintos momentos, con el fin de identificar posibles objetos nuevos en ellos. Y estaban precisamente probándolo la noche en que Rafa creyó ver algo.
-¿Juan? Soy yo. Mira bien en la última foto del campo estelar.
¿Ves algo?
Juan Luis contestó con cierto nerviosismo.
-¿Tú también lo has visto? Eso no casa con ningún objeto de ningún
catálogo. ¡Tío, mira que si hemos encontrado algo...! Con lo chungo que es
encontrar algo nuevo sin que te lo pise un observatorio automatizado de estos
enormes. Y parece que no es puntual.
-Tranquilo, Juan, tranquilo. No podemos lanzarnos a mandar nada
sin saber con seguridad que es algo nuevo, que no sea un reflejo o algo así.
-Pero hombre de Dios, tú imagínate que encontramos algo. ¡Un
cometa!. Nuestro nombre irá unido con él para siempre. Que es el único tipo de
objeto que lleva el nombre de su descubridor...bueno, descubridores.
-Ya, hombre, ya... ¿Y si no lo es?. ¿Y si es una galaxia ya
conocida?. Que no, que no podemos hacer el hazmerreír. Vamos a asegurarnos, y a
tirar más imágenes del campo, a ver si se mueve realmente.
Juan se quedó un rato callado.
-Bien, tienes razón. Será mejor que nos callemos y lo miremos con
calma. Son las 00:20, dejo esto tomando fotos y procesando. ¿Te llamo en cinco
horas?.
-Me parece bien. Vamos a ver si lo confirmamos, y si es así,
mandamos un correo a donde corresponda.
Rafa entró en un estado de furia febril, revolvió todos sus papeles, revisó las fotos en el ordenador... Tenía que encontrar algo que demostrara que él era el único descubridor del cometa, que era exclusivamente suyo. Con el corazón desbocado se tuvo que rendir a la evidencia: la única forma de asegurarse el reconocimiento como verdadero descubridor era ir a ver a Juan Luis en persona y pedirle que le diera toda la documentación. Y si Juan no accedía, tendría que obligarle como fuera. Estaba dispuesto a todo.
Cogió un abrigo, algo de comida para el camino, y un cuchillo que usaban en la bodega para cortar las viñas. Si era necesario, lo usaría. No iba a dejarse pisar de esta manera.
Arrancó el coche cerca de la una de la mañana, y calculó con el GPS el camino hasta el observatorio de Juan Luis. Conocía su posición porque era necesaria para los cálculos de corrección del programa, se plantaría allí en menos de cuatro horas, y le exigiría lo que era legítimamente suyo. Y más le valía a Juan que se lo diera, o si no...
Condujo, condujo de manera frenética... Rafa no veía nada más que la carretera, las luces del coche y la pantalla del navegador. Y no oía otra cosa más que el runrún en su cabeza diciendo “mío y sólo mío....mío y sólo mío...”. Sólo pensaba en lo que le haría a Juan Luis si éste no entraba en razón. Le daban igual las consecuencias de lo que ocurriera, las cosas no le podían ir peor. Él nunca quiso ser un simple gerente de una bodega, él estaba destinado a algo más que eso.
-Eh... nada, creo, Señora. De hecho estoy buscando a Juan Luis,
soy un amigo suyo. Es muy importante que hable con él ahora mismo. Muy
importante.
-¡Ay, por Dios!. No sé qué le pasa.-
La mujer estaba sollozando- A ver si usted le hace entrar en razón, Madre
del Amor Hermoso. Está muy raro. De repente le entró un especie de ataque de
nervios, no paraba de moverse de un lado para otro gritando unas cosas raras.
Decía cosas muy raras, algo así como “Es mío y sólo mío, nadie me lo va a
quitar”...“Yo hice todo el trabajo”... “Ahora sí que el mundo me va a
respetar”. ¡Ay, mi hijo!, con lo buena persona que es, no sé qué le habrá
pasado. Si es que desde que su padre murió no es el mismo, por el Amor de Dios.