FIESTA
Prudencio del Río Vega
¿Se me oye? A ver, un momento... Escuchadme, por favor. Los del fondo ¿me oís?... Bien; os recuerdo que hasta que no estemos todos y todas puestos en estación no podremos comenzar. Ah, y otra cosa importante: debemos estudiarnos bien la carta...; por cierto, ¿todos tenéis la vuestra, verdad? Si a alguien le falta que me pida una.
Mami, a mí no me han dado la carta.
No importa, Alhena; yo te dejo la mía.
Pero es que yo quiero una.
Está bien. Arturo, por favor, dame una carta para Alhena. Gracias.
Bueno, como os decía: la carta bien aprendida, que como somos muchos y hay tantos objetos para elegir esta noche no podemos andar improvisando en el último momento. Además, aquí son muy puntuales y ya nos han avisado que a las cero horas, Tiempo Universal, tenemos que haber acabado.
¡Presi! Alba Aurora aún no ha venido. Me pidió que le reservara el sitio porque no sabía si iba a llegar algo tarde.
¿Alguien sabe dónde está Alba Aurora o por qué se ha retrasado?
Yo tengo su móvil. Voy a llamarla.
Bueno, empezaremos sin ella, y que se acople en su puesto cuando llegue. Voy a avisar que ya estamos listos.
¿Tú ya te has estudiado la carta?
Sí.
¿Y qué vas a elegir? Jo, hay tantas cosas que estoy perdido.
Venga, Arturo; tú que eres el presi empieza por elegir los entrantes para todos, ¿te parece?
De acuerdo, vamos a empezar. Adonis, por favor, vaya tomando nota. Tráiganos un par de docenas de sardinas colimadas y algunas ensaladas...
¿De perseidas de la huerta o aliñadas a la polar?
Un par de cada. Ah, y también cuatro raciones de queso de capricornio.
Tenemos también unas denébolas gratinadas riquísimas, por si les gustan.
Vale, apunte dos de denébolas.
Sardinas, ensaladas, queso y las denébolas; muy bien. Perdón, señora, ¿ha pensado ya lo que...?
Sí. Quiero langneutrinos con mahonesa y... de segundo, una parrillada de carne infrarroja.
¿Muy hecha la carne?
No, por favor; que esté al puntero láser. Y de postre quiero buñuelos de viento solar.
Bien, ¿y para beber?
Aquarius.
Yo quiero de primero unas lentejas de Barlow, y luego un salteado de saturnos con anillos de cebolla. De postre, vía láctea merengada; y para beber, una botella de agua doblemente ionizada.
¿Grande o pequeña?
Grande, que beberemos varios, ¿no?
Sí. Anote 3 ó 4 botellas de las grandes.
A mí tráigame un revuelto de gammas y agujeretes negros; y de segundo, casiopeas en su tinta. ¿Qué tal está la sandía gigante roja?
Dulcísima.
Bien, pues me la trae de postre. Y de beber, solstinto de verano.
Eh, yo también quiero solstinto de verano.
Y yo.
A ver, ¿cuántos solstintos de verano van a querer en total?
Mire, pónganos un par de jarras y si falta ya le pediremos más.
De acuerdo.
¿Puedo pedir dos primeros en vez del segundo?
Sí, claro.
Pues quiero orión con jamón y una crema de ultravioletas con corrimiento al pimiento rojo. Y para beber, agua líquida a temperatura ambiente.
Sí, ya estaban pedidas varias botellas de agua. ¿Va a tomar postre?
Sí. Andrómedas caramelizadas.
Muy bien.
Mami, tengo hambre.
Aguanta un poquito, hija, que ya nos toca. Mire, por favor, ¿tienen... algo así, que sea ligerito para la niña?
Sí señora. Tenemos el menú espacial para niños.
Estupendo, ¿y qué lleva?
De primero, sopa de estrellas; de segundo, lomitos de merluza Supernova; y de postre, fruta del espacio-tiempo.
Yo no quiero fruta, mami.
Vaya, ya empezamos con el problema de la fruta.
¿Te gustan los polos, pequeña?
¡Sí, quiero polo, quiero polo!
¿Ves como yo lo sabía?
Está bien, tráigale un polo magnético.
¿Y para beber?
Un zumito de Lagrange. Y a mí me va a traer otro; y de primero, quiero salpicón de rosettas con salsa trífida, y luego lunina a la sal.
¿La quiere con satélites con forma de patata?
Sí, por favor.
¿De postre para usted?
Mami, tengo hambre.
Vale ya, Alhena; déjame acabar.
Mmm, sí; melocotón en almízar. Por favor, si puede ser tráigale rápido el menú a la niña, que si no, nos va a dar la noche.
Sí señora, a la velocidad de la luz.
¡Hola a todos!, ¿qué tal? Uf, perdonad el retraso.
Buenas noches Alba Aurora; casi empezamos sin ti. Mira, Hércules te ha guardado el sitio.
Gracias Arturo. Hola Hércules; veo que todavía estáis pidiendo ¿no?
Sí. Vamos por Alhena y Selene. Venga, venga; estúdiate la carta que ya te va a tocar.
¡Uf!, ¿no tenéis calor?
Señora, el climatizador de la sala está programado a 295 grados Kelvin sobre el cero absoluto.
Gracias. Seré yo entonces, que vengo algo sofocada. Ya está; decidido. Voy a empezar por un cóctel de cometas y cúmulos globulares regados con chorros de materia oscura.
Bien, ¿y de segundo?
Rabo de tauro. Ah, y de postre, un sorbete Doppler.
¿Para beber?
Cerveza. ¿Qué marcas tenéis?
Estrella Damm, Águila o Coronita Borealis.
Vale, tráigame una Estrella.
¿Doble?
Sí, eso, una estrella doble.
¿Me toca a mí, no?
Sí, señor.
A ver si me decido... Mmm... Sí, ya está. Tráigame ensoyuzilla rusa, y de segundo... Mmm...
¡Rapidito Leo!, que no tenemos toda la noche.
Ya voy, no me metáis prisa. Mmm... No sé si pedir los neutrones al jerez o las nebulosas relativistas, ¿usted qué me aconseja?
Hombre, las nebulosas son más digestivas...; los neutrones son un poco más pesados.
Sí, creo que tomaré mejor las nebulosas relativistas.
¿Postre?
Sí. Yogur con núcleos activos y tropezones asteroidales. Perdón, una pregunta: ¿son muy grandes los tropezones?
Son de la 6ª magnitud, señor; ya sabe, se pueden ver a simple vista.
Estupendo, gracias. Para beber, soy de los del solstinto de verano.
Muy bien.
Por favor, ¿me puede cambiar las lentejas de Barlow por una brocheta de galaxias y meteoritos radiada con fondo de microondas? Es que se me acaba de antojar...
De acuerdo, brocheta por lentejas ¿no? A ver señora, ya sólo falta usted.
Mire, a mí me va a traer: de primero, eclipse ovular de lomo ibérico; de segundo, brazos espirales de pulpo con cráteres rellenos de lava fundida; y de postre, tarta del Camino de Santiago. No, mejor un sistema binario de flan y trufa enana blanca. ¿El flan es casero?
No señora, es de polvos cósmicos, pero está riquísimo.
Mmm... No sé... Déjelo. Tráigame entonces un equinoccio helado de vainilla y chocolate.
De acuerdo. ¿Está todo ya o falta alguna cosita más?... Repito: ¿falta alguna cosa más?... ¿QUÉ SI FALTA ALGO MÁÁÁÁÁÁÁS?
JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA...
¡¡Pero ¿qué es este escándalo?!! Arturo, ¿me puedes explicar...? ¡Y levántate cuando te hablo!
Lo siento papá; sólo estábamos jugando...
¿Jugando? Perdiendo el tiempo, como siempre.
Vale papá, si quieres luego te lo explico.
De eso nada, Arturo. Ahora mismo me vas a escuchar. ¿Qué pasa, te da vergüenza que estén tus amigos delante; que oigan cómo te regaña tu padre porque sigues comportándote como un crío aunque ya tengas 12 años? Yo a tu edad ya trabajaba como un mulo ayudando al abuelo...
Ya me sé esa historia, papá.
¡No me interrumpas! ¿Te tengo que recordar todas las tareas que tienes pendientes? Claro; como te pasas las noches en vela haciendo el payaso, luego no hay quien te levante de la cama, y la mitad de las cosas se quedan sin hacer...
Hola chicos. ¿Qué ocurre, cariño?
Mira la que ha montado tu hijo. Nos ha invadido la casa con los críos de todo el vecindario y no se les ha ocurrido otra cosa que desbaratar los muebles del salón y ponerlo todo patas arriba.
Venga amor, no es para tanto. Sólo han movido un poco el sofá y los sillones.
Y las sillas de la cocina... y la mesa del jardín... y las butaquitas de la entrada...
Ahora mismo lo recogemos, papá.
¿Ves? No te enfades, cielo; lo vuelven a colocar todo en su sitio y ya está.
Lo que más me fastidia es que este chico no va a madurar nunca. Y si ya tenía la cabeza atolondrada de por sí, vas tú y le regalas un periscopio de esos... ¡En qué hora!
Telescopio.
Bueno, el cacharro ese, que sólo sirve para que no duerma; y claro, por el día no se entera de la misa a la media. Le hablas y se queda con la mirada ida, vamos, que ni te escucha.
Sí que escucho, papá.
¡No me repliques! Y quiero que en menos de 5 minutos todos éstos se hayan largado y que quede la casa como estaba, ¿entendido? Y no quiero oír ni un solo ruido, que tengo la cabeza a punto de estallar. Adiós.
Sí, papá.
Jo, vaya bronca ¿no?
Venga chicos, no os preocupéis. No ha pasado nada; recogéis esto entre todos en un momentito y listo. Arturo, hijo, perdona a tu padre; a veces se enfada un poco más de la cuenta.
No hacíamos nada malo, mamá, te lo prometo.
Ya lo sé, cielo. Me lo ha contado Alba Aurora cuando ha llegado. ¿Así que es verdad que habéis formado una asociación de amigos de la astronomía?
Sí. Yo soy el presidente; bueno, de momento, hasta que se haga la votación. Hoy era la fiesta de inauguración y hacíamos como que estábamos cenando en un restaurante para celebrarlo...
Sí; “El Big Bang” se llamaba, y yo era el camarero.
Ahora entiendo
lo de esa pajarita, Adonis. ¿”El Big Bang”? Vaya, un
bonito nombre. Y veo que hasta tenéis las cartas de los menús y todo...
Mami, tengo hambre.
Chsss; calla Alhena, que ya no estamos jugando.
Hombre Alhenita; si estás tú también. No te había visto. ¿Tienes hambre,
pequeña? No me extraña, hablando tanto de comida... Ahora mismo te voy a
preparar un sándwich. Ven, anda, dame un beso.
No quiero sándwich; quiero un polo magnético.
Está bien. Voy a la cocina a ver que encuentro, preciosa. ¿Me acompañas,
Arturo?
Sí, mamá.
Mira Arturo, ahora que estamos solos quiero decirte algo: el carácter de tu
padre ha cambiado mucho desde lo del accidente. Aunque no nos ocurrió nada
grave y haya pasado bastante tiempo, todavía no se ha recuperado del susto. Si
a veces es muy duro contigo es porque quiere verte ya como una persona mayor
que se vale por sí misma. Me entiendes ¿verdad, cariño?
Mamá, ¿tú nunca te has preguntado por qué empecé a interesarme por la
astronomía?
Bueno, supongo que porque te gustan las estrellas y todo lo del espacio
¿no?
No. Fue porque quería averiguar qué pasó en realidad la noche del
accidente.
Pues que íbamos con prisa por lo del abuelo, tu padre tomó un atajo para
llegar antes a la granja, esa noche había niebla, nos perdimos y acabamos
despeñándonos por el barranco de las Siete Tejas, salvando la vida de milagro.
Ya, pero ¿por qué nos perdimos?
Ya te lo he dicho, Arturo, había niebla.
Sólo al principio, mamá. ¿Recuerdas que nos encontramos con un pastor y que
papá le preguntó por dónde debíamos seguir?
Sí. Nos dijo que hacia el Norte, siempre hacia el Norte, que daríamos con
el camino ancho que llega directo a la granja sin pérdida... Y ya ves.
¿Y te acuerdas que papá le preguntó al pastor que cómo sabríamos dónde
estaba el Norte, ya que no llevábamos brújula; y que éste le contestó a papá que
si esperábamos un rato la niebla levantaría y sólo tendríamos que ir en la
dirección de la estrella polar?
Sí, claro; y eso hicimos. Después de andar unos minutos con el coche, la
niebla se levantó algo y tu padre pudo localizar claramente la estrella polar.
Fue escogiendo todos los caminos que llevaban a esa dirección hasta que volvió
a caer la niebla y, en un instante, el castañazo por el barranco.
¿Y también te acuerdas que yo le pregunté a papá que cómo sabía que ésa era
la estrella polar?
¡Porque es la que más brilla! Y tenía razón, puesto que era la única
estrella que seguía viéndose incluso con algo de niebla.
No mamá, escucha. Cuando después me enteré en clase de Ciencias que la
estrella polar no es la que más brilla como aseguraba papá, sino una estrella
con un brillo más débil que muchas otras, descubrí cuánto daño puede hacer la
ignorancia. Papá no se equivocó de caminos, se equivocó de estrella. Cometió un
tremendo error. Aquello que brillaba tanto esa noche, que hasta se veía con
niebla y que nos llevó directos al barranco ni siquiera era una estrella; era
Júpiter, mamá, un planeta, que siempre va recorriendo el cielo por su lado Sur,
igual que el Sol, la Luna y los demás planetas. Fuimos todo el rato hacia el
Sur.
¿Has hablado de esto con tu padre?
No. No quiero que se sienta culpable.
Mejor así, hijo; no debes darle mayor importancia. Al fin y al cabo,
debemos dar gracias porque no nos pasó nada.
Es verdad; a quien más le afecto fue a papá, que tuvo que pedir prestado
otro todoterreno para acabar su campaña electoral, ja, ja.
A ver... ¿Para quién va a ser este polo magnético?
¡Mío, mío!