DESPERTARES

Montse Campàs Torrent




Bostezo, me desperezo y abro los ojos lentamente. Es más de media noche. Algún ruido nocturno me ha despertado. Sonrío pensando en que todavía me quedan algunas horas de cama. Vuelvo a bostezar y me doy la vuelta lista para volverme a dormir, entonces descubro el motivo de mi despertar: me había dormido con la puerta de la terraza abierta y la brisa nocturna estaba jugando con mis cortinas. Me levanto refunfuñando y dispuesta a cerrarlo todo  cuando noto que una luz fría y plateada baña mi cuerpo. Es ella, la Luna, que me atrapa y me hace salir a la terraza para contemplar el fantástico espectáculo de su luz reflejada sobre el mar.  Hace sólo un par de días estaba en su máxima plenitud, pero ahora ya está decreciendo.

La majestuosa visión de Selene puede más que el sueño y el cansancio y  decido sacar mi pequeño telescopio a la terraza. Quiero observar los relieves del terminador lunar. Seguro que el ángulo de iluminación  de los detalles me permitirá gozar de matices increíbles en la zona del Mare Crisium.

—¡Oh, qué bien se ve Tycho con sus radiantes!

Las noches en las que la Luna esta casi llena son las que más me gustan; casi tanto como cuando está eclipsada y puedo ver su luz cenicienta. Y es que Selene me hace soñar. Ahora, sin ir más lejos me siento trasportada a su superficie y contemplo la Tierra Llena, nuestra Tierra. La inmensidad de nuestro planeta azul tal como lo vieron los astronautas que alunizaron en nuestro satélite natural.

Cuando la imaginación me vuelve a transportar a la superficie terrestre aparto el ojo del ocular y descubro ante mí al Rey de los Planetas, Júpiter. Apunto el telescopio hacia él y lo primero que veo es su disco brillante acompañado por los satélites Galileanos: Io, Europa, Ganímedes y Calisto. Después de un rato de observación puedo distinguir  la turbulenta mancha roja del planeta gigante, una tormenta tres veces mayor que nuestra Tierra. Hoy es una buena noche porque puedo apreciar como la banda ecuatorial norte se desdobla. ¡Qué espectáculo tan fascinante!

Me aparto del telescopio para observar el universo entero y la veo. Ahí está Alfa de la Hidra, hermosa y anaranjada Alfaro “La Solitaria” como la llamaron los árabes. Es curioso, realmente parece tan sola ahí arriba… Me ha parecido que titilaba de alegría porque la estaba mirando. Y es que las estrellas son muy agradecidas. ¡Oh! Ese faro de ahí debe ser la deslumbrante Altair.

—Hola Altair.

Me siento un poco ridícula hablando con las estrellas. Afortunadamente la brisa nocturna me devuelve a la realidad. Hace fresco y me han venido escalofríos. No se por qué pero me he acordado de la Estrella de Belén. Los Reyes Magos de Oriente debían ver un cielo como el de hoy cuando iban al encuentro del niño Jesús, a diferencia que ellos veían su estrella de Belén. Qué debía ser esa estrella: ¿un cometa?, ¿un meteoro?, ¿una conjunción planetaria?...  Seguramente fue una nova brillante observada cerca de Theta Aquilae, Alguien —sí, sí, alguien con mayúsculas— quiso que esa estrella explotara para guiarlos hacia Belén….

Esta subiendo la humedad y han empezado a llegar nubecillas, será mejor que me vaya adormir. No me había dado ni cuenta de la hora que es ya, y mañana toca madrugar.

—Buenas noches luna, buenas noches Júpiter, buenas noches estrellas, buenas noches cielo.

 



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